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Mostrando entradas de 2026

El país de los hijos obedientes.

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  Me gustaría encargarle un amor a Cupido, pedirle primero, que se tome un litro de OldParr. Sobrio nadie sería tan hijo de puta para intentar enamorar a ese par de diablos.   No para salvar al país. Eso ya lo prometieron bastante.   Cupido los sentaría en un motel barato de carretera olvidada, con olor a cigarrillo viejo y sábanas lavadas con derrotas.   Les quitaría los micrófonos, los escoltas, los hashtags, los perros rabiosos que les aplauden cada insulto como si el odio fuera patriotismo.   La flecha no llevaría amor. De eso tampoco saben mucho.   Llevaría dolor de enfermo de EPS. Angustia de empresario quebrado. Un resumen pirata de Marx y Adam Smith un apagón triste en La Habana y una borrachera gris en Wall Street.   El óxido de un fusil olvidado en Sierra Maestra. Una bomba napalm que decidió no explotar en Vietnam. Una vacuna mitad Pfizer, mitad Sputnik, para que al menos la fiebre les salga democrática.   Y entonces, quizá después del ...

Persistencia de las ruinas

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Hay versiones de mí que no sobrevivieron al incendio. Pesos que se quedaron a vivir en mi cuerpo. Días en que la existencia apenas me sostiene. Tengo heridas que no cierran: aprendieron otro idioma, habitan su propio escondedero. Hay veces que el pasado me llama con la voz de alguien que ya no está. Mañanas en que hasta el nombre me queda lejos. Vacíos que llegan putuales y saben exactamente dónde sentarse, como viejos conocidos. Hay algo en mí que se niega, todavía, a arrodillarse del todo ante el desastre.

La independencia rara vez paga las cuentas. (Fragmento novela: Las formas del olvido)

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  Los pueblos rara vez advierten el momento exacto en que comienzan a deteriorarse, del mismo modo en que las personas tampoco perciben con claridad el instante en que la memoria empieza a abandonarlas. Ambas cosas suceden lentamente, con la discreción de los procesos que avanzan sin ruido: primero desaparece un detalle insignificante, luego una palabra, después una escena entera del pasado, hasta que un día alguien descubre que lo que parecía un pequeño olvido era, en realidad, el origen de una grieta. Sin embargo, nada de eso parecía alarmante en un pueblo como Inti, donde la fatiga, las preocupaciones económicas y la rutina de los años suelen confundir el olvido con una simple distracción. Inti, en ese sentido, era una réplica diminuta de Colombia. Un territorio gobernado por clanes familiares que se turnaban el poder con una naturalidad casi biológica, como si la alcaldía fuese una herencia doméstica que debía pasar entre hermanos, de padres a hijos, familiares o cónyuges, man...

El auto rojo

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            La casa ha aprendido a quedarse quieta. Antes no sabía. Vibraba. Retumbaba con pasos que iban y venían por el pasillo, con puertas que se cerraban tarde, con risas que tropezaban contra las paredes.      Esta mañana abrí los ojos antes de que amaneciera del todo. La claridad entró tímida por la ventana y me encontró haciendo cuentas invisibles en el techo. Los números no duelen, pero pesan. Se acomodan sobre el pecho como piedras pequeñas.      Me levanté. Decidí limpiar. No porque estuviera sucia la casa, sino porque el movimiento distrae al pensamiento. Barrer tiene algo de oración: se repite el gesto hasta que la mente se aquieta o se rinde.      Puse agua a hervir para el café y me serví el desayuno. Un plato.      La cuchara sonó demasiado en la loza, como un trueno. No imaginaba que el silencio tuviera sonido.      Empecé por el cuarto del fondo. Abrí la ventan...