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El carro rojo

            La casa ha aprendido a quedarse quieta. Antes no sabía. Vibraba. Retumbaba con pasos que iban y venían por el pasillo, con puertas que se cerraban tarde, con risas cómplices que tropezaban contra las paredes.      Esta mañana abrí los ojos antes de que amaneciera del todo. La claridad entró tímida por la ventana y me encontró haciendo cuentas invisibles en el techo. Los números no duelen, pero pesan. Se acomodan sobre el pecho como piedras pequeñas.      Me levanté. Decidí limpiar. No porque estuviera sucia la casa, sino porque el movimiento distrae al pensamiento. Barrer tiene algo de oración: se repite el gesto hasta que la mente se aquieta o se rinde.      Puse agua a hervir para el café y me serví el desayuno. Un plato.      La cuchara sonó demasiado en la loza, como un trueno. No imaginaba que el silencio tuviera sonido.      Empecé por el cuarto del fondo. Ab...
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Soltarlo todo.

         Son las seis de la mañana. El sol asciende lento, rojo como una yema de huevo sobre el horizonte. Desde el décimo piso del hotel, el restaurante ofrece una vista excepcional de la bahía. En una de sus mesas, finamente decoradas, contemplas la cúpula de la catedral: envejece con la dignidad de quien ha aprendido a convivir con el tiempo. Al fondo, el mar se extiende sereno, imponente, casi sagrado, como la suave respiración de un niño. Sobre su piel azul reposa una pequeña isla, solitaria, flotando entre el tiempo y la memoria. Los mapas la llaman Morro de Gaira, pero su verdadero nombre lo susurra el viento a quienes saben escuchar. Tiene la atracción de lo vedado, de aquello que se revela sin entregarse, como un secreto que se deja mirar, pero no poseer. Un hombre ha subido a la cúpula de la catedral. Lleva un sombrero de paja de ala ancha, una camisa blanca de manga larga y unos viejos pantalones de trabajo. Ensimismado, raspa las costras de sal ...

Juventud y esperanza, el valor de apoyar la educación en tiempos difíciles.

    Pocas cosas unen más a un pueblo que sus tragedias y sus triunfos. felizmente hoy nos une los triunfos, esas hazañas que de manera individual o colectiva se consiguen y que significan tanto para sus habitantes. Son como una bocanada de esperanza que nos refresca y que nos da aliento para seguir perseverando en lo que hacemos, con la fe de que, si ellos pudieron, también nosotros.     En  redes sociales se hizo viral la alegría con con la que el pueblo saludó y reconoció el triunfo de los jóvenes del colegio Policarpa Salavarrieta, que se coronaron campeones nacionales de microfutbol en los juegos Intercolegiados.  Ver su recibimiento trajo a mi mente todas las veces que he visto desfilar por las calles a tantos jóvenes que nos representan de manera destacada a nivel nacional e internacional; futbolistas, ciclistas, taekwondistas, boxeadores, pero también artistas: músicos, danzarines, ilustradores o escritoras que han llevado las banderas del munic...

Bajo el cielo de Inti.

                 Como era mi costumbre, aquella tarde decidí salir del apartamento a pasear. Miré el reloj, faltaban quince para las seis. El sol terminaba su jornada ancestral y se esfumaba tras los cerros. Siempre me han gustado los crepúsculos, por su colorido; ese momento del día es la hora propicia para disfrutar de un paseo mientras contemplas el cielo teñido de tonos dorados y azules.       Lo hacía con Koya, mi fiel compañera de caminatas. A ambos nos reconfortaba pasear, nos relajaba. Durante nuestras salidas compartía con ella historias de mi vida: las dificultades para encontrar trabajo cuando nadie te reconoce, el secreto de la abuela para preparar una sopa de maíz, o la tranquila belleza empañada por la violencia circundante de Inti, nuestro pueblo. Koya me observaba con sus ojos leales y su cola enérgica, como si comprendiera cada palabra.         Recorríamos juntos el pasaje Yupanki. ...

Historia de un hombre.

     Un hombre emergió al mundo en un cálido verano pero el invierno lo tomó por sorpresa a los nueve años y el frío se anidó en su ser como un velo perpetuo. Ese niño son mil niños cada día.      De la infancia el hombre moldeó la brea como su primer arte, con sus manos trazó cartas de amor en primavera y secó las lágrimas que pulieron el brillo de su corazón. El hombre son mil poetas ofreciendo sus manos con cada gesto.      La soledad y el estudio revelaron en su alma la historia de la humanidad y aterrado de tanto sufrimiento salió a la calle una tarde, enarbolando como propias las iniquidades del mundo. La juventud es un corazón que grita justicia, en primavera.      Como un rayo que desgarra en la tormenta, irrumpió el amor en su ser y el camino se llenó de huellas que al corazón extasiaron, ofrendando sus sueños sin más reservas que su propia entrega. La felicidad del hombre, rey o campesino, anida en la paz de su hogar...

La Pascua, un viaje interior.

                  Esta semana el mundo católico se congregó en torno al misterio de la Pascua, la resurrección del hijo de Dios. Desde las parroquias más humildes de nuestra Colombia hasta las catedrales más imponentes del mundo, la Pascua se erige como un recordatorio de que aún en medio del caos, existe la posibilidad del renacer y la redención. Y en esa fe, se celebra el domingo la misa más importante según el Nuevo Testamento.      Colombia es uno de los lugares más católicos del mundo. Con un 57 % de feligreses, el catolicísimo sigue influyendo en el diario vivir de muchos pueblos y ciudades del país, también en asuntos de estado como los diálogos de paz, en donde su participación ha sido desde siempre activa. Sin embrago, hay que reconocer también los escándalos de pederastia al rededor del mundo, realidad que ha golpeado fuerte su credibilidad; hasta que llegue su juicio divino, los responsables deben...

Lobo.

Ajeno y diverso recorro en soledad el horizonte, errante, lejos de la manada, buscando un rincón donde morar. De furia y fuego hecho el corazón, mi razón se posa sobre roca en quietud, lamiendo en soledad mis heridas, aullando mi esencia hacia la eternidad. No sigo las huellas de las masas, en la hora desolada encuentro mi paz, cuando una fogata brilla a lo lejos aguzo mis sentidos, buscando un solaz. Valiente y humilde me enfrento al vasto mundo, ermitaño, rebelde, despojado, no sigo sus leyes que no comprendo, sus placeres no me han cautivado. A tientas, entre sombras, me deslizo, la naturaleza cruda es mi cobijo, tan seguro es mi refugio callado que al llegar la noche, salvaje y sereno, me acuesto a su lado. Entre la oscuridad y el silencio, hallé mi compañía más fiel: la soledad, maestra que enseña el valor de ser uno mismo, en ella florece mi ser.